| La
Cordillera de los Andes ejerce una
influencia decisiva en el clima de buena
parte del territorio argentino y
principalmente de su zona vitivinícola.
El cordón montañoso, determina que las
masas de aire húmedo provenientes del
océano Pacífico descarguen su humedad
sobre territorio chileno y si penetran
en nuestro país, el aire es seco y
caliente, como es el caso del viento
Zonda, típico de la Provincia de San
Juan.
En la Argentina, las
zonas aptas para la crianza de la vid,
como se ha mencionado, se extienden
sobre la Precordillera de los Andes, y
preferentemente en las partes altas y a
la vera de los ríos que se desprenden
de las cumbres. Es por eso que en
Argentina la vid crece en clima
semiárido, con estación invernal seca,
templado o templado frío, lluvias que
no pasan de los 250 mm anuales y donde
el riego es, por lo tanto indispensable.
En la mayor parte de
la franja señalada, las altitudes son
variables entre los 500 y los 1.500 m
sobre el nivel del mar. Los suelos son
profundos, sueltos y permeables, pobres
en materia orgánica, nitrógeno total y
fósforo, de reacción alcalina, ricos
en calcio y potasio.
Todos los viñedos
argentinos están ubicados en zonas
secas, con un bajo régimen de lluvias y
una humedad muy escasa, por lo tanto,
las escasas precipitaciones obligan a
que los viñedos se desarrollen
irrigados por una compleja red de
canales que distribuyen el agua
proveniente de los deshielos
cordilleranos que forman ríos de
régimen irregular, cuyas crecidas
estivales son captadas y almacenadas por
medio de embalses y otras obras
hidráulicas.
Al aprovechamiento del
agua superficial debe añadirse la
captación de agua subterránea. La
irrigación artificial permite que la
provisión de agua al viñedo pueda
efectuarse en los volúmenes y épocas
más apropiadas, conforme al estado
vegetativo de las vides y a la calidad
que se busca obtener. El riego se
realiza por diversos sistemas: por
surcos, a manto, por goteo.
Dos factores marcan de
manera determinante nuestros viñedos:
la abundancia de sol, que permite una
excelente maduración de las uvas que
llegan sin dificultades a su plenitud de
aromas, sabores, color y taninos y la
altitud sobre el nivel del mar, dada por
la Cordillera de los Andes que en
Argentina alcanza las mayores altitudes
en el continente, la cual es causa de
una importante amplitud térmica.
Los factores expuestos
constituyen una condición excepcional
para la calidad y el estado sanitario de
las uvas, evitando el desarrollo de
enfermedades criptogámicas. Los
productos vitivinícolas argentinos son
naturales y libres de residuos de
pesticidas. Las temperaturas apropiadas
y una gran heliofanía (presencia del
sol) durante todo el año permiten que
las distintas variedades de vid
cultivadas puedan completar
perfectamente su ciclo vegetativo
alcanzando, sus frutos, madurez
industrial y niveles de calidad
óptimos.
La Zona Vitícola
Argentina puede ser dividida en tres
regiones bien diferenciadas por sus
características ecológicas netamente
definidas y la diversidad de sus
suelos:
Región Noroeste:
donde se destacan las zonas de
Perico y el Carmen
Los Valles Calchaquíes
Valles de la Provincia
de Catamarca y la Rioja
(Chilecito-Nonogasta)
Región Centro-Oeste
con San Juan y Mendoza
como las zonas más importantes
Región Sur
donde resaltan los
Altos Valles del Río Negro.
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